Lanzamiento:

 

30 de octubre de 2015

 

Género:

 

Hard Rock, AOR.

 

Sello Discográfico:

 

EarMusic.

 

Productor Discográfico:

 

Ronan McHugh.

 

Lista de Canciones:

 

1.Let’s Go 5:01

2.Dangerous 3:26

3.Man Enough 3:54

4.We Belong 5:06

5.Invincible 3:46

6.Sea of Love 4:04

7.Energized 3:23

8.All Time High 4:19

9.Battle of My Own 2:42

10.Broke ‘N’ Brokenhearted 3:17

11.Forever Young 2:21

12.Last Dance 3:09

13.Wings of an Angel 4:23

14.Blind Faith” 5:33.

 

Def Leppard aprueba en junio sin necesidad de ir a septiembre.

Como decía, y controlando bien el pulso, los leopardos sordos estrenan material en este 2015 un trabajo bautizado como “el mejor desde Hysteria” y, por ende, digno de llevar a cuestas el nombre de los británicos. Y es que, tras muchísimos años sin nada que ofrecer y sin muchas esperanzas de que la inspiración mejorara el propio nombre del disco y las declaraciones sobre él ya chirrían: “Lo hemos llamado Def Leppard porque a eso es lo que suena el disco”, dice Joe Elliott. El problema es que, cuando no sabes qué decir y lo acompañas de esto: “Suena a Queen, a Led Zeppelin, a AC/DC” se puede leer entre líneas que no hay por dónde cogerlo. O blanco o negro, o Def o Leppard, pero lo que se dice “Def Leppard” ya veremos.

Se hace harto complicado no mirar con recelo a lo comentado en lugar de con ilusión y lo que les puedo decir es que, verificándolo con un par de escuchas tristemente nos llevamos una y media de cal y una de arena: Def Leppard no sabe a qué sonar exactamente. Asi pues, Joe Elliott tiene razón a medias y no es para alegrarse del todo. Está todo dicho, la fórmula de este trabajo es tan simple como insultantemente obvia; calcar algunos riffs de Hysteria, darle una producción ochentera medio creíble y hacer canciones que suenen a otros que llevan más años que ellos en esto, porque recordemos, según Elliot “Def Leppard suena a Queen o AC/DC”, salvando las distancias a años luz. Entonces, partiendo de la base de que toca calificar un disco de Def Leppard que no suena en conjunto como tal por mucho que se repitan su nombre hasta la saciedad se hace, como poco, poco alentador. Sin embargo, es aquí donde aviso de que he necesitado varios días para ir moldeando mi opinión y me he llevado una ligera sorpresa. Que no confunda mi tono serio hasta esta línea. El invento no acaba malparado aunque cojee, ya no por la pesada cruz de tener que hacer algo que suene a 1987 sino que les es inevitable sacar a relucir los defectos (a ojos del romántico que escucha sus discos antiguos) que llevan cometiendo estos años, llámese Slang, llámese X. Ese es otro debate pero, a mi juicio tras varias escuchas globales pensaba que Def Leppard hace mucho que ya no quiere hacer Rock y en el único momento en que son sinceros consigo mismos es cuando producen un disco de Pop, que normalmente tiene como antídoto hacer un disco más serio para remontar en las listas pero solo como técnica de marketing externa y no un acto de reflexión sincera y autónoma. Aquí he percibido una ligera mejora y crucial para dar un paso adelante: tener un mínimo de decencia de analizar qué funciona y qué no aunque el análisis no sea del todo depurado.

Escuece empezar así, pero las preguntas que planteé antes de la escucha en base a la información son las siguientes: ¿Acaso Def Leppard no ha sido Def Leppard en cada disco?, ¿saldrán del pozo del que llevan sin salir 23 años? ¿Si Def Leppard se disolviera hoy se recordaría este disco como un buen resumen? Les corresponderá a ustedes corroborar si Def Leppard lleva muerto desde Adrenalize.

Dejando de lado los cristales rotos de la cover, voy a analizar en profundidad el que creo que será el último disco de Def Leppard. El primer tema “Let’s Go” parecía callar la boca de muchos de los que, como yo, no esperábamos nada. Unos efectos de ambientación modernos, correctos, que iban poniendo en situación de lo que deseábamos que contuviera el disco. Comenzaban a pasar los segundos y desde el primer riff comienza a sonar a un reciclaje a la desesperada de “Pour Some Sugar On Me” por su sospechosa similitud. No obstante, la ejecución es correcta, por lo que el reciclaje se pasa por alto. Sin embargo, la decepción no tarda en llegar conforme entra el estribillo: Pop a morir. Y es cuando aquí cuando todo esfuerzo por tolerar el autoplagio evidente se disipa. De poco sirve un solo correcto, un interludio acertado cuando se imprime de forma enfermiza un estribillo así que acaba por matar ese intento de hacer un tema rock épico y festivo mediante unos coros tan inapropiados. Sin duda alguna, una primera decepción que tumba el tema al primer uppercut. ¿Qué se supone que debía ser esto?

Para los que no estuvimos satisfechos con el anterior tema, “Dangerous” recobra el vuelo de forma bestial, sin idas de olla y aplicando la fórmula adecuada para un tema propio de Def Leppard. Tema directo (sin pasarse) de coros y punteos melódicos puramente Leppard que me hacen pensar que al final el enredo previo se arregla, pensando siempre que Def Leppard se ha ablandado desde hace muchísimo y que, visto lo visto, se puede pedir más pero es inútil. Me temo que, siendo justo, esto es lo máximo a lo que aspiran.

“Man Enough” es, para mi gusto, de los temas más acertados. Y es que, moviéndonos en la dinámica de que Def Leppard parece estar haciendo más un disco de tributos a los clásicos que otra cosa, se hace palpable que aquí pretendían sonar al Queen de The Game y su “Another One Bites The Dust”. Un ritmo sencillo, acompañado de un bajo sólido capitaneado por Rick Savage en el que se lleva el protagonismo de la canción y un Groove Funk que no hace más que trasladarnos al sonido de finales de los 70, principios de los 80. Aderezado con una guitarra cuya distorsión sería la favorita de Angus Young el tema gana con las escuchas, por no mencionar ese juego de guitarras octavadas con los estéreos o el final doblado a falsete tras un interludio de coros. No es el tema más Def Leppard, propiamente dicho, pero cumple, podría haber tenido su momento en Slang.

El medio tiempo se hacía esperar, “We Don’t Belong” no es precisamente fácil de asimilar hasta que empiezas a descubrir algunos matices. Como siempre, Def Leppard sabe cómo meter azúcar en vena; unos versos sosegados y melódicos con un estribillo francamente bonito, rozando lo celestial. Huelga decir que es el único tema en el que todos los miembros cantan. Si algo se puede leer entre líneas con estos dos temas es que el disco es más justo en términos de lucidez, aquí ya no se hace culto a un solo miembro, generalmente el vocalista o guitarrista sino al resto de componentes. Todos tienen su parcela.

“Invicible” comienza con un bajo generoso y simple, a la par de unos parches que golpean con consistencia. El mayor problema que veo es que el tema se vuelve innecesariamente poppie, gris e insulso para lo mucho que parecía prometer. No acaba por despegar ni explotar en ningún momento amén de un riff competente.

“Sea Of Love” presenta un corte muy Zeppelin, ciertamente con guitarras solventes y entrecortadas y una batería que no hace prisioneros. El estribillo, corístico y melódico en la línea del trabajo con unos arpegios acertados. A partes iguales, hay un guiño a los setenta y los ochenta. Sin presentar un solo memorable, el coro inicial y final añaden un extra de exotismo al tema. El tema se salva de la cuesta abajo, pero en el próximo es notorio.

De nuevo, Def Leppard comienza a pecar de antiguos errores y a pretender abarcar más de la cuenta: meter baterías electrónicas a un medio tiempo que estalla en un estribillo corístico innecesariamente Pop. Si “Man Enough” podría ser lo decente de Slang, este sería lo que no queremos oír. El tema es un loop abrigado por inofensivos violines. No es un mal tema, pero no es bueno tampoco.

“All Time High” deja claro desde el principio que se quiere recobrar fuerza y algo de actitud punk aplicando algo de velocidad. El tema es francamente efectivo y en directo puede funcionar bien. El estribillo es más que correcto para los estándares de lo deseable en Def Leppard.

“Battle Of My Own” es una tonada de corte acústico que, a base de riffs blueseros y redneck con inevitable regusto a “Whole Lotta Love”, intenta hacerse su camino como el tema más natural entre tanto tema sobreproducido. Entre medias acaba explotando como tema made in Texas con unos violines inesperados y una orquestación bastante interesante. Sorprendentemente de lo mejor.

“Broken’n’Brokenhearted” se presenta como un tema altivo, desenfadado, que bebe del Hard Rock, y presentando cierto alarde guitarrero por parte de Collen y Campbell, altamente inspirado en AC/DC. Tema más que correcto con las dosis de Rock melódico que se encuentra en la impronta de las canciones. Suena a posible descarte ilógico del Songs From The Sparkle Lounge.

“Forever Young” es un experimento aparentemente normal pero de fondo raro; presenta un riff armónicamente raro que no casa con una voz que juega a cantar Twist de los 50 y una batería que no sabe cómo darle fuel a la maquinaria, dando la impresión de que el tema no va a parar a ningún lado y su brevedad lo confirma, para nuestra fortuna.

“Last Dance” es un tema anodino de corte acústico que, por desgracia, no goza de la profundidad de las baladas que suele facturar el viejo Def Leppard, como tampoco de la calidad del corte acústico cowboy que hemos visto en “Battle Of My Own”.

“Wings of An Angel” comienza bien sólida, siguiendo la estela de “Sea Of Love”. Los arpegios de notas graves, como las líneas vocales de un Elliott que no tiene mucho que ofrecer en los altos pero sí en los graves ofrecen un tema de contrastes y personalidad múltiple bien cohesionada y de desarrollo progresivo con un clímax ubicado en el solo, que no escatima en recursos y técnica.

“Blind Faith” comienza con esas notas tristes que dibujan Collen y Campbell y un Elliot que se encarga de verter una pesada losa en el tema para transformarla en una balada minimalista. Curioso cómo echan mano de recursos muy Beatle-esque usando el melotrón y esa psicodelia propia del “Across The Universe” o “Strawberry Fields Forever” para acabar añadiendo una dosis extra de Rock en su zénit. Ciertamente, es un cierre triste, cómo si supusiera algo más que el final de un disco.

Y aquí acaba el viaje, amigos. Una producción correcta y un esfuerzo considerable por mejorar aunque solo sea aspirando a los estándares de otras leyendas. Def Leppard tocó techo hace muchísimos años y, a nivel interno, no pueden repetirlo. Hemos asistido a un sinfín de oportunidades perdidas para remontar el vuelo en cada entrega, sin embargo, no se hacía más que prolongar y poner de relieve lo inevitable: una crisis irreversible. Por resignación o por cansancio, renunciaron al rock en pos del Pop como recurso a la falta de ideas y a la frustración de no saber satisfacer a los fieles fans rockeros. En este disco existe un cierto regreso, que ya es más de lo que hemos visto en muchos años y ellos lo saben, siendo su mayor testimonio el propio nombre del trabajo. La sombra de la cruz que supone Hysteria ha estado ahí, como la de Steve Clark. En este disco no se hace notorio exageradamente, pero el elemento Def Leppard que falta y que se intenta compensar añadiéndolo por doquier no es la necesidad de repetir el nombre sino la figura del propio Steve Clark. Desde su muerte Def Leppard se ha resentido como aquellos grupos en los que si falta alguien no es lo mismo. The Doors no era sin Jim Morrison y a Def Leppard se le cayó una palabra y una lágrima cuando se marchó hace ya 24 años. A lo que quiero llegar es que, tristemente, es su mejor disco en muchos años solo presentando una calidad algo intermitente e irregular, desprendiendo un aroma a despedida que deja a medias y que da que pensar. Da que pensar tanto positivismo en torno al trabajo por hacerlo un disco “plenamente” Def Leppard. Si ahora saben, ¿por qué antes no? Nunca lo sabremos pero, por lo pronto, se hace innecesario el giro que han tomado desde hace 20 años que tanto ha resentido los pilares de sus seguidores. Se siente esa sensación de decepción o fraude al haber estirado durante tanto tiempo un chicle que sabe rancio y que, en según qué tramo, no sabe del todo mal y ese tramo es este.

Un 5, unos 2 clavos sin demasiada alegría pero objetivamente mejores que X o Slang por mucho que Joe Elliott no llegue a esas notas o Vivian Campbell se encuentre infravalorado. Es un disco irregular al que le sobran temas pero que sin duda añadirá un par de temas interesantes al directo aunque está muy claro qué ha sido diseñado para funcionar y qué no. Def Leppard supone un punto de inflexión positivo dadas las bajas expectativas pero que no se sabe qué deparará a corto plazo o medio plazo. El efecto de que el disco sea mejor de lo que en realidad es quizá sea por la retrospectiva de la calidad de los discos que le rodean, sin embargo, os invito a darle varias escuchas aunque como resultado final este Def Leppard solo invite a no desagradar, que es desde un punto de vista conformista más que lo que hemos visto en este 2015 y desde 1996 en ellos en particular.

Valoración:

2.

 

Formación / Line up:

 

Joe Elliott – Vocales, guitarra acústica.

Phil Collen – Guitarra lider, coros.

Vivian Campbell – Guitarra rítmica, coros.

Rick Savage – Bajo, coros, guitarra adicional.

Rick Allen – Batería, coros.

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